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La cooperación parental luego de una separación: pieza clave para el desarrollo de la niñez

Dr. Iván de Jesús Rosa

Trabajador Social Forense


La separación de una pareja constituye una de las experiencias más complejas por la cual una familia puede atravesar. Regularmente, la separación es la determinación final producto de múltiples eventos experimentados por la pareja, los cuales han deteriorado la relación a tal nivel que lleva, a al menos a una de las partes, considerar que lo más adecuado es continuar una vida por separado. Debido a la expectativa de que el matrimonio o convivencia debe ser un compromiso que dure por vida, las separaciones pueden traer consigo sentimientos de coraje, frustración, desconfianza o incluso desesperanza. A lo cual se le suma las tensiones económicas inherentes a los procesos de separación.


Este panorama se complejiza aún más cuando la pareja que se separa tiene hijos en común. Esto, debido a que, a pesar de los sentimientos antes descritos, los progenitores vienen obligados a mantener procesos de comunicación de forma continua dirigidos a garantizar la toma de decisiones sobre los asuntos vinculados a los hijos, como la educación, la salud, la recreación, entre muchos otros.




Una creencia generalizada en la sociedad es que la separación será un proceso inevitablemente traumatizante para los hijos en la familia. Sin embargo, el conocimiento vigente apunta a que, si bien la separación entre los progenitores tiende a ser un evento de vida estresante para los niños, lo que realmente tiene el potencial de trauma es la exposición a un alto grado de conflicto interparental. Cuando hablamos de conflicto interparental nos referimos a una gama de dinámicas que exponen directa o indirectamente a los niños a discusiones, altercados y polémicas entre sus progenitores. Se conoce que la exposición al conflicto interparental tiene secuelas a corto y largo plazo en la niñez, entre las cuales se encuentran: agresiones, trastornos de conducta, escasa autorregulación, bajo rendimiento académico, ansiedad y depresión (Cantón Duarte, Cortés Arboleda & Justicia Díaz, 2013).


A pesar de lo anterior, también conocemos que existe una correlación entre la cooperación y la ausencia de conflictos entre los progenitores con una mejor adaptación psicológica y social de los hijos. Esto debe llevar a los progenitores a realizar el mayor esfuerzo para promover los factores protectores ante una separación. Fernández Ros y Godoy Fernández (2002, p. 75), autores del libro El niño ante el divorcio, destacan que entre las acciones que podemos asumir para promover una adecuada adaptación de nuestros hijos a la separación se encuentra:


  • Fomentar relaciones continuadas con ambas figuras parentales.

  • Que tanto el padre como la madre mantengan la función de parentalidad con sus hijos.


  • Tener la habilidad para negociar con éxito los asuntos de sus hijos.

  • Poseer la capacidad de resolver y dejar al margen a sus hijos de los conflictos, peleas y resentimientos.

  • Transmitir respeto y aceptación por el otro progenitor.

  • Que el niño sienta libertad para hablar con un progenitor del otro y el resto de la familia.

  • Minimizar los cambios familiares luego de la separación.

  • Mantener las relaciones con tíos, primos, abuelos y otras personas significativas.



En las situaciones más complejas, en las cuales los progenitores entiendan que por si solos no pueden mantener los canales de comunicación adecuados, estos pueden considerar buscar el apoyo de un coordinador parental, quien es un profesional del comportamiento humano cuyo rol consiste en proteger y mantener relaciones seguras, saludables y significativas entre los niños y sus progenitores, proveyendo asistencia a los progenitores envueltos en la situación de alto conflicto parental para poder implementar de forma efectiva su plan de custodia o relaciones filiales.


Luego de una separación lo más importante es que, como progenitores, tengamos presente la necesidad de anteponer nuestros deseos por el bienestar de nuestros hijos. Ante una separación la familia no se destruye, se transforma. Una vez se tiene esto claro, el camino para una parentalidad que procure el bienestar de nuestro hijos quedará claramente establecido.


 

Dr. Iván de Jesús Rosa

Trabajador Social Forense



El autor es doctor en Trabajo Social. Labora en la atención a las familias que presentan situaciones frente a los tribunales. Para más información sobre el tema, puede acceder a www.familiasytribunales.com


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