top of page

Quédate con Dios: Reflexiones del Salmo 27

Por: Psicólogo Eddie A. Soltrén Roldán



Uno de los mayores pasatiempos de mi niñez era ver caricaturas. Podía pasar horas riéndome de las ocurrencias de Tom y Jerry, Popeye el marino, Looney Tunes y muchos otros. Pero había una caricatura en particular que lograba intrigarme, El Coyote y el Corre Caminos. Episodio tras episodio me preguntaba si este sería el día que el Coyote al fin atraparía al Corre Caminos. Sin importar cuántos planes, herramientas y energías empleara el Coyote, todo se giraba en su contra y le salía mal, muy mal. No puedo evitar pensar en una imagen similar al leer el salmo 27. La imagen de un Dios que se mueve a favor de sus hijos aun sin que estos lo vean obrar. Una imagen que el salmista presenta a través de este cántico hecho declaración de confianza. Puede que las circunstancias sean tan difíciles que todo un ejército se amotine en mi contra, pero no tendré miedo, Jehová mi luz está conmigo. El salmista se presenta en este salmo como alguien que habla desde la experiencia. Es alguien que ha estado rodeado anteriormente, pero ahora toma la palabra para alentar y alentarse. Me libró ayer, me librará hoy.


Luego prosigue a darnos un antídoto para cuando lleguen los días malos. Entra en su casa, quédate y contempla su hermosura. Una cosa es entrar a la casa y otra muy distinta es quedarse a vivir. El salmista dice “solo le pido a Dios una cosa, y es vivir todos los días de mi vida en su casa para ver su hermosura”. Vivimos en tiempos donde el afán reina. Quedarnos quietos y contemplar no suena productivo para un mundo acostumbrado al “multitasking”, pero cuando decidimos detenernos para quedarnos con Dios el panorama cambia. Entra, quédate, contempla. Tres palabras que deben resonar en nuestra vida de oración. Cuando no sepas que hacer, entra. Cuando sientas que nada ocurre y pienses renunciar, quédate. Cuando el afán y la ansiedad te hagan creer que debes pelear con tus fuerzas, descansa y contempla. La oración alcanza su mayor potencial cuando soltamos los ruidos. Cuando tiramos el apuro. Cuando nos recordamos a nosotros mismos que nada más importa que estar cerca y contemplar su hermosura.


Si quieres hacerte un favor detén la marcha y quédate con Dios en su presencia. Piérdete en lo reservado de su morada. No hay afán que pueda llegar allí. Esto no quiere decir que no llegará el día malo, al salmista le llegó y a ti también te llegará, pero estarás tan adentro en el tabernáculo, tan oculto, que no podrá tocarte. Porque mientras descansas y contemplas, Dios peleará por ti. Así que no importa si cual Coyote el mal diseña mil y un ataques en tu contra, confía no temas, porque Jehová tu luz y salvación está contigo.


 

Por: Psicólogo Eddie A. Soltrén Roldán

16 visualizaciones0 comentarios

Комментарии


bottom of page