¿A quién le importa?
- Eddie SoltrƩn RoldƔn
- 23 oct 2022
- 5 Min. de lectura
Por: Psicólogo Eddie A Soltrén RoldÔn, Mpsy, CSAT-Candidate
Las Naciones Unidas en su informe del aƱo 2017 sobre el estado de la salud mental en los paĆses de habla hispana, reportaron que, por cada 100,000 habitantes en amĆ©rica latina, hay aproximadamente, 5.4 psicólogos. PiĆ©nsalo bien, estamos hablando de un psicólogo por cada 20,000 habitantes. Absurdo, Āæno? Sin embargo, por mĆ”s dispareja que parezca la cifra no se compara a la necesidad increĆble de proveedores de salud mental en los campos de refugio para la población de SudĆ”n del Sur.

Una cosa es leer sobre la desigualdad de servicios y otra muy distinta es estar en el campo de refugio y escuchar los relatos de quienes estĆ”n viviendo allĆ. En el mes de julio mi esposa Ruth y yo, tuvimos la oportunidad de entrevistar a varios pastores de la Iglesia de Dios que viven y pastorean dentro de los campos de refugio acerca del estado de la salud mental de ellos como lĆderes de iglesias y la comunidad de refugiados.
Al preguntarles sobre la accesibilidad de servicios de salud mental dentro de los campos de refugio, la mayorĆa de los pastores respondió que nunca ha recibido la visita de un especialista de la salud mental. Por tal razón el trauma con el que les ha tocado vivir nunca ha sido abordado. La realidad en la que viven pone al descubierto el problema de acceso a los servicios, ya que no existen proveedores de salud mental lo suficientemente cerca como para que ellos puedan recibir el tratamiento apropiado.

De hecho, uno de los pastores comentó, logrando convertirse en eco de los demĆ”s pastores, que de existir algĆŗn servicio de salud mental dentro de los campos de refugio, muchas de las personas de la comunidad vendrĆan a buscar tratamiento, incluyĆ©ndolos a ellos, los pastores. Incluso plantearon la posibilidad de que ellos y los lĆderes de las iglesias reciban algĆŗn adiestramiento para aprender a trabajar con el trauma y la salud mental, dado que al no tener adiestramiento se sienten que no pueden hacer lo suficiente para ayudar a la comunidad a trabajar sus problemas emocionales.
Esto los lleva a tener que manejar mucho estrĆ©s. SegĆŗn nos cuenta otro de los pastores la comunidad tiene muchos problemas. āLos pastores nos sentimos agotados. Cada hora las personas llegan a la puerta de nuestras casas a pedir ayuda. Esto causa estrĆ©s porque no sabemos quĆ© hacer ni tenemos nada que darlesā. Entre los problemas que mĆ”s les preocupa dentro de la comunidad es que el 80% de los hombres no tienen cómo suplir las necesidades de su hogar. Esto ha causado que el hombre se sienta que ha perdido el respeto de su familia, aumentando a su vez los casos de violencia domĆ©stica y los problemas matrimoniales.
Por otro lado, el suicidio es un tema que se encuentra muy arraigado a las estadĆsticas del 80% de los hombres que no pueden suplir las necesidades del hogar. SegĆŗn los pastores, muchos hombres sienten que han perdido la hombrĆa al no poder proveer. Esto ha dado paso a un gran nĆŗmero de suicidios entre los hombres. Esto se agrava por el abuso de drogas y alcohol que existe dentro de la comunidad. TambiĆ©n se agrava por el trauma que genera en los hombres las pĆ©rdidas a las que han sido expuestos. Pasar de proveedor a dependiente es un problema continuo que pesa en la mente de los hombres. Como nos dijo uno de los pastores: āLa mente de los hombres sigue pensando en Sudan del Sur. EstĆ”n en el pasado y no han logrado dejar lo que pasó. No pueden enfocarse en lo próximoā.
Cuando analizo el contenido de la entrevista, una de las palabras que mĆ”s los pastores utilizaron fue la palabra ātraumaā. Uno de ellos dijo: āTodos estamos traumatizados incluyendo los pastoresā.

Luego aƱadió: āVamos a las casas para darles apoyo y que puedan entender lo que pasó, pero la mente de trauma sigue ahĆ angustiando a las personas. En SudĆ”n del Sur algunos de ellos eran hombres de negocio, otros tenĆan oficinas y dinero en los bancos. Ahora llegaron aquĆ sin nada, con su trauma y esa herida sigue. Tratamos de alentarlos porque es todo lo que podemos hacerā. āOramos por ellos, los alentamos a que olviden lo que pasó. Pasamos tiempo con ellos, les recordamos que son especial y los alentamos a que se acerquen a Diosā.
Cuando terminamos la entrevista un pastor se acercó y me dijo: āĀæA quiĆ©n le importa, si somos refugiados? Nuestro estatus de refugiado es lo peor para la salud mentalā ⦠Con cuĆ”nta facilidad se invisibiliza el problema solo por la posición de desventaja social donde estĆ”n. Estar entre ellos me permitió percibir que a pesar de lo difĆcil que ha sido el camino que han recorrido tienen mucha esperanza porque Dios estĆ” con ellos, pero a la vez se siente un ambiente de āayuda, no nos dejen solos con estoā. Entonces, si a nadie le importa, que le importe a la iglesia.
Nuestras iglesias estÔn llenas de profesionales de todo tipo que pueden donar servicios pro bono para ayudar a nuestros hermanos de SudÔn del Sur. Si a nadie le importa, que le importe a los psicólogos cristianos. Que le importe a los consejeros y trabajadores sociales que asisten a nuestras congregaciones. Que le importe a las doctoras, enfermeras, maestros y terapistas que han conocido la verdad del evangelio. Que le importe al joven cristiano que se pregunta qué estudiar y cómo utilizar sus estudios para que el nombre de Jesús sea conocido hasta lo último de la tierra.
Que le importe a las organizaciones cristianas y concilios de iglesias para que costeen el envĆo de estos profesionales para que puedan brindar los servicios que nuestros hermanos necesitan. Que le importe a los pastores y las iglesias cuando sus miembros digan heme aquĆ envĆame a mĆ para cubrir sus necesidades de manera que el dinero no sea una excusa para no obedecer la voz del llamado de JesĆŗs.
Que nos importe a todos porque a nuestro Dios le importa. Un Dios que se presenta como defensor de las viudas, huƩrfanos y los extranjeros no puede estar contento cuando la iglesia tiene los recursos y prefiere hacerse de la vista larga (Deuteronomio 10:18, Sal 68:5, Sal146:9).
AsĆ que, no tengas duda alguna que a Dios le importa. Entonces, ĀæQuĆ© haremos con este escrito? Una pregunta que bien pudiera ser trivial, pero que tambiĆ©n puede ser mĆ”s profunda de lo que crees. Mejor aĆŗn, ĀæA quiĆ©n le importa este escrito? Una vez mĆ”s, puede que a muchos no le importe SudĆ”n de Sur, los refugiados, el trauma que viven, la carencia de servicios de salud mental y todo el dolor que dĆa a dĆa reviven, pero algo sĆ debe estar claro, si no le importa a nadie, le deberĆa importar a la iglesia y mucho.

Psicólogo Eddie A Soltrén RoldÔn


